
Mi rey, mi principito, mi gordo panzón, (ahora estlizado) mi bizcochón. El destinatario de mis más empalagosos cargoseos.
Me acuerdo cuando eras un bebito chiquitito y yo te daba unos besos tan pero tan fuertes que te dejaba el cachete colorado, y tu mamá me retaba porque te hacía llorar. Hoy ya no lloras, incluso te reis y te volviste un poquito mimoso, tal vez sea porque estás resignado, pero yo prefiero pensar que es porque me queres así tanto como yo te quiero. Y que tanto tanto me queres, que ni te importa que te levante antes de tiempo de tu siesta para jugar.